Pertenezco

Abro la puerta a las 3 y 15 y él me recibe, acaricia mis piernas, sus ojos verdes me miran con amor, maulla un poco, ella en cambio solo sale de su cama me mira y vuelve a entrar, son definitivamente los amores de mi vida. El reloj marca las 4 de la tarde, luego de una jornada laboral y de almorzar, me siento, reviso mi teléfono cuando no tengo clases, a las 4 y 14 la llamo a ella, mi motor, la mujer que más amo y amaré en la vida, con su tono de voz fuerte y cantao' propio del acento dice "aloooó" sí, ahí están sus palabras que alegran o amargan por el sin sabor de los devenires de la vida. El acto de llamarla a diario es intencionalidad, concepto que tomé hace un tiempo de Paul Ricouer y que apliqué a la Praxis de la vida misma, porque no hay lucha que me enorgullezca más que la propia, por eso desiciones que parecen poco trascendentales las tomo con intensión y reflexión. La llamo porque amo escucharla aun en lo amargo de la vida, la llamo porque me recuerda todo mi añorado Caribe, la llamo porque me recuerda de dónde vengo y lo que soy, la llamo porque los oigo a ellos, mis negros gritar, la llamo con intensión, amor y respeto por mis raíces porque no quiero olvidar, porque me debo a ellos pero sobre todo a ella, la mujer que mejor ha maternado en la historia y de la que hablo a la gente con orgullo. Soy hija de la fuerza misma por eso resisto con dignidad, lloro cuando creo que no puedo pero luego como la vi a ella desde niña me seco las lágrimas y sigo con la vehemencia de mis ancestros, de mis viejitos y de mi vieja. 
Dedicado a ella como casi todo cuánto escribo, dedicado a mis viejos que les perdoné todo porque estuvieron cuando nadie estuvo y porque soy tan parecida a ustedes, sí Ana De la Hoz, tan dictatorial como me criaste pero tan comprometida  como el viejo Matías. 

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